Plural Ensemble
Concierto 26/11/03, Sala de Cámara del auditorio Nacional, Madrid
Acerca de la obra de José Manuel López López
Le parfum de la lune
1.
Un cierto aire a Takemitsu, claro, dado también el sustrato japonés, el texto de haikus por debajo de la música, pero no sólo en un nivel superficial, sino en estratos profundos hay este paralelismo. Y desde ahí podemos remontarnos a Debussy pasando por Messiaen, claro. La naturaleza es inspiración, desde el canto de los pájaros trascrito al rumor de los bosques, a, sobre todo, como un elemento vertebrador, como respiración o pulsión, como realidad en la que estamos y somos etc. Base compositiva por tanto como estar en el mundo.
2.
la percusión: entiendo un tremendo esfuerzo del percusionista: enorme belleza tímbrica+creación de atmósferas+línea melódica, ello resulta en una naturaleza simulada/ampliada mediante la percusión, que crea el sustrato, que se erige casi en la Naturaleza (e incluyo por ejemplo el uso de la cuera como percusión casi pulsada en pasajes lluviosos). Al respecto revelador, e incluso de una gran eficacia plástica, el empleo de los palos de lluvia por el conjunto de la formación.
3.
Violín solista como desencadenante de la acción (si es que se puede hablar en esos términos ante una música entiendo que no-narrativa, tan abstracta como un paisaje y éste lo es totalmente), de una dificultad técnica grande, que une pasajes melódicos con otros descriptivos etc., pero desde una dimensión técnica que los complejiza (permítase el neologismo): notas muy agudas, afilados estallidos, durísimos pizzicatos: síntesis compleja de sedosa melodía con los experimentos más duros de vanguardia en el límite de las posibilidades técnicas de los instrumentos: y al servicio no de una exploración instrumental sino entiendo puramente musical: sonido (luego espacio) en el tiempo.
4.
Al respecto habría de explorar, desconociendo las técnicas compositivas empleadas, lo que me parece un muy distinto intento de simular la naturaleza al de por ejemplo Francisco Guerrero: no partir de la matematización absoluta de la naturaleza sino casi al contrario, encontrarla al final. Pero una exigencia técnica de los músicos también extrema.
5.
Por momentos me ha resultado muy atractivo una especie de aire improvisado, que supongo no ocurre, pero en el que las investigaciones tímbricas, de uso del silencio etc. de por ejemplo el Art Ensemble of Chicago parecen dejarse ver. Y ahí incido con un aspecto que creo fundamental del AEC que es su puesta en escena de la música, su espacialización mediante un cierto drama coreográfico, que, sin las pinturas de guerra, me parece también asoma en partes de la pieza desde una óptica culta: muy interesante.
Naturaleza re-creada mediante una invocación casi mágica al imaginario del hombre.
6.
El mundo del Japón, del haiku, de Buson etc. que nos lleva a la valoración de los fenómenos naturales no como portadores de significados divinos (Grecia) sino con valor en sí mismos, como única realidad mediante la que darse cuenta de nuestra presencia en el mundo (los koan etc.). Un resultado musical que no imita tanto (o no lo hace en gran medida) los sonidos realmente naturales como de alguna manera su producirse: su condición de tiempo que acontece en un espacio. Las oleadas de la lluvia que determinan el entorno físico del bosque o el agua en donde ocurren, los murmullos de un bosque o el agitarse en ondas, en oleadas de las nubes. Me interesa, antes lo apuntaba, conocer los procedimientos técnicos de la composición: el posible uso de series o de combinaciones etc. a la Xenakis (obvia su referencia a lo espacial y arquitectónico en La Tourette) o fractales etc. a al Guerrero o lo que sea. La belleza del resultado final sin embrago entiendo no revela las suturas técnicas, y esto me parece fundamental en la obra musical, y sin embargo crea una impresión de necesidad tan autoevidente como al de los propio fenómenos naturales. Brillante.
7.
Lo dicho, espacios sonoros como claros en el bosque de sonido. Seria fácil citar superficialmente a Heidegger, pero el caso es que habría que buscar algunas de las conexiones que con ese plus de realidad que él atribuye a la obra de arte (o mejor de sentido) se dan en ésta obra. Y de nuevo, y quizás me pueden los intereses personales, las espacialización del cuerpo como ser perceptivo etc. de Merleau-Ponty. Lo dejo para otro momento.
Pero esa lluvia que crea una textura propia... y el caso es que en otro ámbito, resulta apasionante cómo los programas de animación crean, mediante flujos de partículas etc. las simulaciones visuales del movimiento del agua.
Pero esa textura propia de la música de alguna manera hace aparecer, en el tiempo que dura, un espacio, un lugar que de otra manera no habría existido. Y esa capacidad de la música de no simular sino de hecho hacer aparecer espacios distintos a aquellos en que acontece (y no espacios soñados o imaginados sino espacios reales aun cuando no se defina como estamos acostumbrados en nuestra cultura por lo visible. La arquitectura también define espacios mediante el sonido, mediante la profundidad que este nos devuelve etc.) me parece clave.
8.
Me interesa, ya digo, esa dimensión de la música de crear espacios nuevos y ello a través del sonido, de alguna manera que habría que definir, mediante el tiempo.
Y ello en varias dimensiones, desde la acústica de la propia sala, que decimos pueda evocar en esta obra un bosque, con una profundidad ficticia, en trompe l’oeil de alguna manera, hasta esa conceptualización que se genera por ejemplo mediante la alteración temporal por la repetición y la diferencia en las texturas musicales. Habría que profundizar con más tiempo en estas cosas, que quedan sólo apuntadas.
Y de alguna manera esa otra transformación de un espacio común, la sala de conciertos en un espacio sagrado, en un espacio común a la música, los músicos y nosotros, que, virtual, solo existe en ese momento en nuestra presencia. Esto creo queda perfectamente conseguido en esta obra.
9.
Luego, para mi muy interesante, adivino una cierta inspiración táctil en el sonido. Si hay una espacialización o creación de distintos espacios sonoros sin la intervención de la vista, sin embargo esa condición casi táctil del sonido que se crea la entiendo fundamental. Desde la sensación al tocar con un arco unos platillos, a las percusiones en su amplio abanico, a como decía antes la forma de atacar en instrumentos más habituales. No es tanto que el sonido se pueda tocar, sino que en esa creación espacial sugiere espacios táctiles. El musgo creciendo en Ryon-ji despierta en mi sensaciones parecidas. O el hormigón en la obra de Le Corbusier. No hay que tocarlo, no hace falta sentir la rugosidad o la vibración de la madera de una marimba en la mano o de la cuerda de un violín: pero ha aparecido un espacio táctil.
10.
En las notas aparece una distinción entre espacio poético y espacio físico que se superponen. Si entiendo correctamente, al menos para mi, o en la arquitectura, estos no son separables sino de un modo racional y violentando su verdadera significación. No se si se refiere con poético a un espacio evocado, o de la memoria, o a la representación de estados de ánimo, pero entiendo yo más la poética como poesis, el rollo de creación, etc. pero inseparable de lo real, indiscernible, es decir simultáneo.
11.
Dos últimas notas: aprecio especialmente la creación de un entorno casi hipnótico en esta música que sin embargo es absolutamente real.
12.
Y final: ¿como se definiría en música, y en esta composición en particular lo intermedio? Es decir, un espacio intermedio que medie, que relacione entre el puro hecho físico del sondo y nuestra percepción o recepción que le confiere sentido.
josé vela castillo
miércoles, 8 de abril de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
fotos barcelonesas





ayer estuve en Barna, haciendo fotos en el Pavelló Mies para el ibro que tengo en marcha, y viendo en la Fundació las copias vintage originales que tienen de las fotos BBB de 1929 (segun Tegethof de Sasha Stone). Son alucinantes, con una delicadeza en el detalle de la gelatina de plata o lo que sea impresionantes, y con un contraste que me maravilla. En fin, que subo unas fotos, distintas de esas, pero que creo no han quedado mal... [JVC]
jueves, 12 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
bienal de canarias

http://www.bienaldecanarias.org/index.php
esta es la web de la segunda bienal de canarias, que como sabeis se centra en arquitectura, arte y paisaje... y no se si debería ser en ese orden o en otro, pero bueno, dejémoslo ahí apuntado.
entre otras cosas, hoy hay una charla de kengo kuma... en fin, tarde pero mejor eso que nada...
y agradecer a francisco cevallos, que además anda liado participando en una acción interesantísima de la bienal su info!
[JVC]
http://www.elpaisajeexpandido.com/
http://www.youtube.com/watch?v=R5zTlUt8hBo
lunes, 2 de marzo de 2009
sobre pensar la arquitectura
lo otro : (de) la arquitectura
la investigación en arquitectura o cómo la arquitectura es ya investigación
Consideremos el problema del pensamiento arqui-tectónico. Con ello no pretendo plantear la arqui-tectura como una técnica extraña al pensamiento y apta quizá, entonces, para representarlo en el espa-cio, para constituir casi su materialización, sino que intento exponer el problema arquitectónico como una posibilidad del pensamiento mismo...
Jacques Derrida, “La metáfora arquitectónica” en No escribo sin luz artificial, Valladolid, Cuatro Ediciones, 1999, pág. 133.
La filosofía siempre se ha atenido a esto: pensar su otro. Su otro: lo que limita y de lo que deriva en su esen-cia su definición, su producción. [...] Límite/pasaje.
Jacques Derrida, “Tímpano” en Márgenes de la filosofía, Madrid, Cátedra, 1998, pág. 17.
¿Lo otro? ¿Su otro? ¿Y si lo otro de la filosofía no fuese sino la arquitectura? ¿Y si el sostén, el soporte, ci-miento y coronación, laberinto tal vez, desde luego espectro de la filosofía, aquello que marca el juego lí-mite/pasaje no viniese sino determinado por aquello que no es soporte, cimiento y coronación, laberinto ni espectro, sino sólo, sencillamente, arquitectura, es decir: instauración del juego de límite y pasaje, del lu-gar y dar lugar? ¿Es esto posible? ¿La instauración, decimos, como una arché? ¿Del pensamiento?
Lo otro: un pensamiento que precisamente por no ser una técnica ajena al propio pensamiento no puede servir para ser su materialización (su ilustración: aunque de la imagen de la arquitectura también tenemos que hablar, de la mirada arquitectónica que petrifica, acaso de Gorgona), para construir su es-tructura, para ser su metáfora (y tantas veces usada, la metáfora de la arquitectura), para ser un soporte. Aunque más bien es lo in-soportable. Lo insoportable del pensamiento (filosófico) mismo. No su apoyo, su referente, su traslación o su cimiento: sino lo otro del (su) soporte. ¿Su subjectil? Quizás sea una posibilidad del pensamiento mismo, o quizás sea la posibilidad del pensamiento mismo, el/lo otro del pensamiento (filosófico), su envés, su límite. ¿Qué sería entonces el pasaje de este límite? Límite y pasaje, experiencia de lo imposible, de aquello que excede al pensamiento como arquitectura, para ser, quizás, arquitectura que piensa. Curioso, pues: lo insoportable del pensamiento, aquello que ya no puede por más tiempo sos-tenerse es, al mismo tiempo, la producción del soporte, del sostén, del marco y del límite que nos constitu-ye como humanos, la arquitectura. Y su trasgresión, su pasaje. Quizás.
El propósito del presente texto es, o será, ofrecer una primera aproximación a esta cuestión, la de, si así podemos decirlo, la constitución de la arquitectura como pensamiento, la de la fundación (ojo a las metá-foras) de la arquitectura como soporte insoportable del pensamiento (filosófico), la de la otredad de la pro-ducción de arquitectura respecto a la construcción (filosófica) del mundo: la de la construcción de un texto (y una textura) no por la palabra sino por la propia construcción. Se dirá: ¿y la investigación? Aquí, ahora: pues en el fondo se trata, también, pero puede que principalmente de decir, con palabras, que la arquitectura, que toda arquitectura que lo sea es, por ello mismo, pensamiento, es pregunta sobre el mun-do, es experiencia (luego paso del límite, ex-peri), es investigación, es apertura del juego, condición de posibilidad. No es, arriba quedó escrito, metáfora de otra cosa, de un pensamiento más elevado, más enra-recido.
Se trata aquí de investigar, precisamente, sobre cómo la arquitectura investiga, y ello tratando de definir un espacio propio de investigación, un espacio otro, distinto de la pregunta propia de la tecnocien-cia, pero también de la de la escritura de las humanidades (o ciencias sociales) e incluso, acaso la más cer-cana, del arte. Construir ese espacio propio, decimos, que no deja de ser, ya lo hemos dicho, un espacio desapropiado: el espacio de la arquitectura es, además, incluso, el del pensamiento. Solo que la textura es aquí la del material, no la de la palabra... La tesis finalmente dice que la arquitectura, como soporte inso-portable del mundo y como doble fantasma del pensamiento (filosófico) no hace sino crear una textura, la textura del mundo, trama y urdimbre que aloja, sirve de soporte, permite y borra, se abre y se ofrece: da lugar al por-venir. Si lo hay.
El cómo esto se cuenta, se narra, se explica y se muestra en palabras es el quid de la cuestión, pie-dra de toque y clave de bóveda, aquélla que por su posición garantiza un límite. Investigación en marcha para mostrar cómo, cuando y donde, la misma arquitectura piensa, investigación que es la propia arquitec-tura. Quizás, quizás, quizás.
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la investigación en arquitectura o cómo la arquitectura es ya investigación
Consideremos el problema del pensamiento arqui-tectónico. Con ello no pretendo plantear la arqui-tectura como una técnica extraña al pensamiento y apta quizá, entonces, para representarlo en el espa-cio, para constituir casi su materialización, sino que intento exponer el problema arquitectónico como una posibilidad del pensamiento mismo...
Jacques Derrida, “La metáfora arquitectónica” en No escribo sin luz artificial, Valladolid, Cuatro Ediciones, 1999, pág. 133.
La filosofía siempre se ha atenido a esto: pensar su otro. Su otro: lo que limita y de lo que deriva en su esen-cia su definición, su producción. [...] Límite/pasaje.
Jacques Derrida, “Tímpano” en Márgenes de la filosofía, Madrid, Cátedra, 1998, pág. 17.
¿Lo otro? ¿Su otro? ¿Y si lo otro de la filosofía no fuese sino la arquitectura? ¿Y si el sostén, el soporte, ci-miento y coronación, laberinto tal vez, desde luego espectro de la filosofía, aquello que marca el juego lí-mite/pasaje no viniese sino determinado por aquello que no es soporte, cimiento y coronación, laberinto ni espectro, sino sólo, sencillamente, arquitectura, es decir: instauración del juego de límite y pasaje, del lu-gar y dar lugar? ¿Es esto posible? ¿La instauración, decimos, como una arché? ¿Del pensamiento?
Lo otro: un pensamiento que precisamente por no ser una técnica ajena al propio pensamiento no puede servir para ser su materialización (su ilustración: aunque de la imagen de la arquitectura también tenemos que hablar, de la mirada arquitectónica que petrifica, acaso de Gorgona), para construir su es-tructura, para ser su metáfora (y tantas veces usada, la metáfora de la arquitectura), para ser un soporte. Aunque más bien es lo in-soportable. Lo insoportable del pensamiento (filosófico) mismo. No su apoyo, su referente, su traslación o su cimiento: sino lo otro del (su) soporte. ¿Su subjectil? Quizás sea una posibilidad del pensamiento mismo, o quizás sea la posibilidad del pensamiento mismo, el/lo otro del pensamiento (filosófico), su envés, su límite. ¿Qué sería entonces el pasaje de este límite? Límite y pasaje, experiencia de lo imposible, de aquello que excede al pensamiento como arquitectura, para ser, quizás, arquitectura que piensa. Curioso, pues: lo insoportable del pensamiento, aquello que ya no puede por más tiempo sos-tenerse es, al mismo tiempo, la producción del soporte, del sostén, del marco y del límite que nos constitu-ye como humanos, la arquitectura. Y su trasgresión, su pasaje. Quizás.
El propósito del presente texto es, o será, ofrecer una primera aproximación a esta cuestión, la de, si así podemos decirlo, la constitución de la arquitectura como pensamiento, la de la fundación (ojo a las metá-foras) de la arquitectura como soporte insoportable del pensamiento (filosófico), la de la otredad de la pro-ducción de arquitectura respecto a la construcción (filosófica) del mundo: la de la construcción de un texto (y una textura) no por la palabra sino por la propia construcción. Se dirá: ¿y la investigación? Aquí, ahora: pues en el fondo se trata, también, pero puede que principalmente de decir, con palabras, que la arquitectura, que toda arquitectura que lo sea es, por ello mismo, pensamiento, es pregunta sobre el mun-do, es experiencia (luego paso del límite, ex-peri), es investigación, es apertura del juego, condición de posibilidad. No es, arriba quedó escrito, metáfora de otra cosa, de un pensamiento más elevado, más enra-recido.
Se trata aquí de investigar, precisamente, sobre cómo la arquitectura investiga, y ello tratando de definir un espacio propio de investigación, un espacio otro, distinto de la pregunta propia de la tecnocien-cia, pero también de la de la escritura de las humanidades (o ciencias sociales) e incluso, acaso la más cer-cana, del arte. Construir ese espacio propio, decimos, que no deja de ser, ya lo hemos dicho, un espacio desapropiado: el espacio de la arquitectura es, además, incluso, el del pensamiento. Solo que la textura es aquí la del material, no la de la palabra... La tesis finalmente dice que la arquitectura, como soporte inso-portable del mundo y como doble fantasma del pensamiento (filosófico) no hace sino crear una textura, la textura del mundo, trama y urdimbre que aloja, sirve de soporte, permite y borra, se abre y se ofrece: da lugar al por-venir. Si lo hay.
El cómo esto se cuenta, se narra, se explica y se muestra en palabras es el quid de la cuestión, pie-dra de toque y clave de bóveda, aquélla que por su posición garantiza un límite. Investigación en marcha para mostrar cómo, cuando y donde, la misma arquitectura piensa, investigación que es la propia arquitec-tura. Quizás, quizás, quizás.
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sábado, 28 de febrero de 2009
conferencias en La Central del MNCARS

Tienen buena pinta, la verdad, el sitio es un lujo, y ¡además se pueden comprar libros!
en fin...
Estimados amigos,
Les invitamos al ciclo de conferencias que se celebrará en La Central del MNCARS los miércoles de Marzo a las 19.00 horas,
LA ERA DE LA INDECISIÓN: EN LOS LÍMITES DE LA ARQUITECTURA.
Cada Miércoles de Marzo, nos reuniremos a desarrollar una conversación con arquitectos cuya trayectoria abarca ámbitos complementarios al desarrollo de proyectos, explorando otros campos disciplinares que luego se incorporan a su proceso proyectual, en una conversación amable donde el encuentro de ideas se presente como un complemento a los propios conceptos y abierta a la participación de asistentes;
X.04 LA DUDA COMO HERRAMIENTA PARA VER EL MUNDO.
Federico Soriano y Dolores Palacios (Sa&A) conversan con Eduardo Arroyo (NOMAD).
Fila cero: Edgar González.
X.11 ATMÓSFERAS URBANAS (O LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD).
Colectivo cuarto y mitad, Belén Butragueño (B2b), Diego Soroa (Cuantics).
X.18 EL PORNODISEÑO.
Ben Busche (Brut Deluxe), Guzmán de Yarza y Loreto Varela.
Ciclo dirigido por M. Pilar Pinchart.
X.25 EL DESASTRE DEL ÉXITO.
Iñaki Abalos y Renata Sentkiewicz (Abalos&Sentkiewicz) conversan con José Ballesteros (Pasajes).
Fila 0: Enzo Vignolo.
Para más información: www.lacentral.com
Miércoles de marzo, a las 19.00 horas en La Central del MNCARS
(c/ Ronda de Atocha, 2/ 28012 Tlf: 917 878 782)
¡Esperamos que sea de vuestro interés!
Un saludo cordial,
La Central del MNCARS
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